Rómpelo todo. Me llenas de rabia. Destrózalo todo. No puedo más. Salid de mi cabeza. Las voces no se van. "No eres nada". Basta ya. Un golpe más. La pared y mis manos. Mis nudillos tiñéndola de rojo. Las lágrimas queman. Oigo voces lejanas. Siguen aquí arriba. Dolor que fluye por mis venas. El miedo no me deja en paz. No aguanto más. En esta habitación a oscuras. Un salón lleno de melancolía. La memoria de los que no están. La tristeza instalada como invitada permanente. La dueña de la casa. La tortura de mis manías. La asquerosa necesidad de necesitar a los demás. La tristeza que se adentra entre los cristales rotos de mis falsas sonrisas. Rómpelo todo. Te siento hasta en los huesos. Solo veo humo. Y tus ojos a cada paso. Un corazón inútil, como al que no le queda nada más por sentir. No sé si pedir perdón sirve de algo. Si las disculpas acumuladas me valen. Solo veo humo. Tu mano que intenta sostener la mía. Un laberinto de mentiras. Saltar al vacío buscando libertad. Cariño, tengo el corazón agujereado. Acribillado de falsas esperanzas. Lo siento. Es todo lo que necesitaba. Las voces de mi cabeza se repiten. Almas tristes. Las sombras del rechazo. Mi particular colección de sueños rotos, como espejos. El enemigo más temido, mi reflejo. Desearía que fuera más temido que odiado. El corazón maltrecho, como los escasos recuerdos que poseo. Las Mil y una noches de angustia incontrolada. Mi rabia se propaga. La sangre arde y yo ya no veo a nadie. Hace tiempo que se fueron. Las ruinas como un oasis en medio del desierto. No hay nada más allá del 'yo' destrozado. Polvo en las manos de intentar reconstruir el pasado. Solo sigo viendo humo. El futuro, el más alejado, invisible a mis ojos. ¿ves lo que has provocado? Quizá un día acabe todo esto. Quizá todo vuelva a su sitio, al principio, y yo, simplemente, seguiré viendo siempre humo.