"Como si fuera la última vez. Subo el volumen para que duela menos, subo la voz para que duela menos o para estallar el mundo entero". Y mientras las notas siguen vagando en el vacío de mi habitación, miro sentada desde mi ventana al mundo haciendo como si no existiera. Los ojos cansados del insomnio, del océano revuelto que existe en mi cabeza cada segundo. Quizá sí sea la última vez. Quizá. Vivo a base de sueños y fantasías, ya no sé que realidad es la de verdad. No sé si sigo soñando, si estoy despierta y volando. Todo es un caos. Las olas me arrastran y yo ni si quiera intento luchar. Creo que el frío me ha llegado hasta dentro, que ya no siento nada. Solo siento a la soledad. No sé si hubo algún momento perfecto, algún momento mejor que el presente. No tengo recuerdos. No quiero salir de mi fantasía, tengo miedo de la realidad. La soledad. La oscuridad. Desde mi ventana todo parece en calma. Son las voces de mi cabeza las que me alteran. Solo existe silencio en su mundo. Risas y dedos señalándome en el mío. Sigo sentada en mi ventana, en primera fila, esperando a que el mundo estalle. Mientras, las notas siguen rondando, acariciándome, como si esa fuera a ser mi única compañía para lo que me resta de vida. Juré que viviría feliz, sin arrepentirme, siendo valiente. Nunca pensé que podría ser así. El corazón. Cobarde, frágil, lastimero. Ni que mi cabeza sería mi propio enemigo. Los demonios que sigo intentando quemar a cada segundo. Las lágrimas que no merecen salir. Las siete estrellas no me abandonan ni aunque quiera. Quizá cuando un día me busquen, yo ya no esté. Y estaré lejos, al menos tan lejos la distancia será física, no mental, y quizá así duela menos. Quizá así tenga una escusa real y válida para apartarme, para encerrarme, para estar triste, para no ser feliz.