Los fantasmas del pasado siempre encuentran el camino de vuelta a tu mente, a tu cabeza, te destrozan el alma a cada segundo, vuelves a la tortura de cada día que no te deja respirar. Algunos son más dolorosos que otros. El peor daño es el que se hace uno mismo. Las palabras que siempre pensé, que nunca te dije, que nunca le diré. Quizá la próxima vez que te vuelva a ver te diga que te necesito, que me muero un poquito más cada día que no estás y verás, que yo solo puedo apartar a las pesadillas cuando me miras, y ya hace tiempo que no duermo como solía. Quédate, no te vayas nunca más. Basta, sal de mi cabeza. Ya no sé si te quiero o te odio, si tú me haces daño o lo hago yo. Márchate, no quiero decirte que sin ti no sé, que ya no hay nada más, nada más que me pueda importar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario